El debate como ejercicio de funciones ejecutivas
Las funciones ejecutivas son el conjunto de procesos cognitivos que permiten planificar, regular el comportamiento, mantener la atención y adaptarse a situaciones nuevas. Son, en cierto sentido, el sistema operativo del cerebro. Y el debate activa simultáneamente casi todas ellas.
La neurociencia cognitiva ha identificado tres funciones ejecutivas nucleares: la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva. Las tres se ejercitan intensamente en el debate.
Memoria de trabajo: el debate como entrenamiento intensivo
La memoria de trabajo es la capacidad de mantener y manipular información activamente durante un breve período de tiempo. Es fundamental para el razonamiento complejo y tiene una correlación robusta con el rendimiento académico en prácticamente todas las materias.
Durante un debate, el orador tiene que mantener en mente simultáneamente su propio argumento, los argumentos del contrario que acaba de escuchar, la estructura del debate, el tiempo restante y las reglas del formato. Este nivel de demanda sobre la memoria de trabajo supera con creces el de la mayoría de las actividades escolares convencionales.
Investigadores como Torkel Klingberg, de la Universidad de Estocolmo, han documentado que la memoria de trabajo puede mejorar con práctica y que esta mejora se transfiere a otras tareas cognitivas. El debate es, en este sentido, un entrenamiento de la memoria de trabajo en un contexto motivador y significativo.
Control inhibitorio: saber callar para responder mejor
El control inhibitorio es la capacidad de inhibir respuestas automáticas o impulsivas en favor de respuestas más reflexivas. En el debate, esta habilidad se ejercita constantemente: el orador tiene que resistir el impulso de interrumpir, de responder de forma emocional o de defender su posición inicial cuando el contrario ha planteado un argumento convincente.
El desarrollo del control inhibitorio en la infancia y la adolescencia tiene efectos documentados que van mucho más allá del aula. Estudios longitudinales como el famoso estudio de la Universidad de Duke seguido durante 32 años han encontrado que el control inhibitorio medido en preescolar predice resultados en salud, economía y relaciones sociales en la edad adulta.
Flexibilidad cognitiva: cambiar de perspectiva en tiempo real
La flexibilidad cognitiva es la capacidad de cambiar de perspectiva, de adaptar la estrategia cuando las circunstancias cambian y de ver un problema desde ángulos distintos. En el debate, se entrena en cada ronda de refutación: el orador tiene que abandonar el guion preparado y responder a lo que realmente dijo el contrario, no a lo que esperaba que dijera.
Procesamiento del lenguaje bajo carga cognitiva
Una de las particularidades del debate frente a otras actividades orales es que el alumno tiene que generar lenguaje complejo mientras mantiene una carga cognitiva alta. Este tipo de procesamiento del lenguaje bajo demanda — que los neurocientistas del lenguaje estudian intensamente — es especialmente relevante para el desarrollo de la fluidez verbal y la capacidad de expresión en situaciones de presión.
Los estudios de neuroimagen funcional que comparan la activación cerebral durante tareas de argumentación y durante tareas de lectura o escritura muestran que la argumentación oral activa simultáneamente áreas prefrontales, temporales y parietales de forma más extensa que la mayoría de las tareas escolares convencionales.
La ventana de oportunidad: adolescencia y plasticidad cerebral
La adolescencia es el período de mayor plasticidad del córtex prefrontal, la región del cerebro responsable de las funciones ejecutivas. Es también el momento en que se completa la mielinización de las conexiones entre el córtex prefrontal y otras regiones cerebrales, un proceso que determina en gran medida la eficiencia del procesamiento cognitivo en la edad adulta.
Esto significa que los años de la ESO y el Bachillerato son el momento óptimo para entrenar las funciones ejecutivas. Esperar a la universidad es posible, pero se desperdicia una ventana de plasticidad única. Es una razón más — y bien fundamentada en neurociencia — para introducir el debate en el colegio, no después.