"La respuesta estaba en mi cabeza. Simplemente no salió"

Es una experiencia sorprendentemente común.

Alguien hace una pregunta.

Aparece una conversación.

Surge una oportunidad para intervenir.

Y tú sabes exactamente qué podrías decir.

Incluso construyes mentalmente la respuesta.

Pero pasan unos segundos.

Luego otros.

Y terminas sin hablar.

Más tarde llega la frustración:

"¿Por qué no lo dije?"

Este fenómeno está estrechamente relacionado con procesos que aparecen en la inhibición social en clase y en la baja participación de estudiantes muy capaces.

Hablar no es una decisión puramente intelectual

Muchas personas interpretan la comunicación como una cuestión de conocimiento.

Si sabes la respuesta, deberías decirla.

Pero el cerebro evalúa muchas más variables.

En apenas unos segundos suele analizar:

La decisión de hablar es parcialmente intelectual, pero también profundamente social.

El coste percibido puede ser superior al beneficio percibido

Existe un concepto muy útil en psicología de la comunicación.

Antes de intervenir, las personas realizan una evaluación inconsciente de costes y beneficios.

Si el posible beneficio parece pequeño y el posible coste parece grande, muchas veces aparece el silencio.

Esto explica por qué algunos estudiantes participan sin dificultad con amigos, pero no delante de toda la clase.

La velocidad también influye

En conversaciones rápidas existe otro fenómeno importante.

Las oportunidades de intervención son extremadamente breves.

Si una persona dedica demasiado tiempo a perfeccionar mentalmente su respuesta, la conversación suele avanzar antes de que llegue a intervenir.

Muchos adolescentes especialmente analíticos experimentan exactamente este problema.

No les falta una respuesta.

Les sobra evaluación.

Los mejores speakers no esperan la versión perfecta

En formatos internacionales de debate, esperar la formulación ideal suele ser una receta para el desastre.

Los mejores speakers aprenden algo diferente.

Entienden que una intervención suficientemente buena en el momento adecuado suele ser más útil que una intervención perfecta que nunca llega.

Esta mentalidad modifica profundamente la participación.

Cómo trabajamos esto en Rhetorik Academy

En Rhetorik Academy encontramos frecuentemente alumnos cuya principal dificultad no consiste en generar ideas.

Consiste en convertirlas en acción comunicativa.

Por eso trabajamos ejercicios donde el objetivo no es producir la mejor respuesta posible.

Es reducir el tiempo entre pensar y hablar.

Entrenamos específicamente:

Muchos estudiantes descubren que su verdadero problema nunca fue la falta de ideas. Era la dificultad para darles permiso para salir.

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Conclusión

Quedarse callado no siempre significa no tener nada que aportar.

Muchas veces significa que el sistema que decide si hablamos está evaluando demasiadas variables al mismo tiempo.

Y aprender a intervenir antes de que aparezca el exceso de análisis es una habilidad que puede entrenarse.